jueves, 8 de noviembre de 2012

MARIHUANA Y PEYOTE ¿DROGAS A LEGALIZAR?



 
El cactus del peyote



Plantas de marihuana

Huicholes en una celebración con peyote
 
La marihuana acaba de legalizarse para consumo y uso recreativo en los estados de Colorado y Washington (USA) mientras que en otros 17 es legal para fines medicinales. Teniendo en cuenta que la mayoría procede de México este país se pregunta cada vez más por qué no la legaliza también. Sobre todo teniendo en cuenta la sangría insoportable de 70.000 muertos que ha costado en los últimos seis años su combate contra la droga y el narcotráfico.

Pero si la marihuana se produce (y se consume) en grandes cantidades en México y es figura habitual en sus tradiciones y su folklore: recuérdese la popular canción de la cucaracha que ni tenía marihuana (o marijuana) que fumar, otra droga muy antigua y simbólica es el peyote. Se encuentra en territorio huichol, una tribu que vive en la Sierra Madre Oriental, principalmente en las tierras desérticas de San Luís Potosí. El peyote (lophophiora wiliamsii), “la planta que hace que los ojos se maravillen“, es una cactácea como un botón de cactus pequeño, sin espinas y que crece humildemente, pegada a la tierra, con más de tres mil años de antigüedad. Antes de la llegada de los españoles ya toltecas y chichimecas conocían desde hace siglos el peyote, que consideraban una planta sagrada, según relata Bernardino de Sahagún, uno de los primeros cronistas. Los que comen o beben el peyolt, cuenta, ven visiones espantosas, la intoxicación dura dos o tres días, y da ánimo para pelear y no tener miedo, ni sed, ni hambre. Es consumido y empleado con fines rituales por corras, tarahumaras, tepehuanes, huicholes, comanches,en  teritorio mexicano, y otras cuantas tribus más asentadas en lo que hoy es Estados Unidos. El peyote, que proviene de la voz náhuatl peyolt , recibe otras varios nombres según las poblaciones: ciguri, kamaba, hikuri, hualari y wokow.

El peyote -los españoles de la conquista lo llamaron raíz diabólica- tuvo en las generación beat, por los años sesenta, sus mejores propagandistas, con nombres tan ilustres como Burroughs, Kerouac o Ginsberg.



 

 

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